• Eva Rodríguez Renom

¿Qué cosas nos explica el mundo cuando observamos?

Cada uno de nosotros ve un aspecto de la realidad y piensa que lo que ve es único. Hemos de aprender a observar, a compartir y a estar de verdad.


Por eso, es importante observarnos y entendernos, aunque la respuesta no sea la que esperamos.


El diálogo comienza con uno mismo: ¿Cómo me hablo? ¿Es un diálogo productivo o improductivo? ¿Es necesario o innecesario? ¿Qué palabras repito? ¿Cómo estoy alimentando mi vida? ¿Cuánto tiempo paso pensando en tonterías?


En la meditación se trabaja todo esto, y mucho más. Es un gesto de humildad hacia nosotros mismos y un primer paso para posicionarnos en el buen lugar. Cuando meditamos, la sentada no se acaba cuando finaliza la meditación. Hemos de implicarnos más. Sentarnos no implica una actitud pasiva, o un placer de evadirnos, sino que se requiere una actitud receptiva y permitir que algo profundo emerja. Cuando meditamos la realidad nos atrapa. Gracias a esto, podemos situarnos y volver a ese punto de humildad. Nos pasan un montón de cosas y aparecen un gran número de pensamientos.


Observar el pensamiento es un trabajo. El ejercicio consiste en situarnos en el buen lugar para evitar que el pensamiento nos atrape. Si somos capaces de observar este pensamiento percibiremos un gran cambio. Cuando observamos el pensamiento, ya no estamos identificados con él, sino que generamos un espacio entre el pensamiento y nosotros. Y en ese espacio hay varias opciones: lo digo o no lo digo, lo expreso o no lo expreso. Existe ese pequeño margen de libertad.


Por eso es muy importante estar atentos a lo que hacemos. Los pensamientos van generando una forma de estar. No hay algo bueno o algo malo. Somos todo a la vez. Nos pasan un montón de cosas y somos precisamente todo ello.