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Terapias combinadas para una Vida Plena
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Vivimos inmersas en un mandato social constante: el de la autorrealización permanente. Se nos invita a gestionar nuestras emociones, superar nuestros límites, sanar las heridas del pasado y alcanzar, cueste lo que cueste, nuestra «mejor versión». Parece que siempre hay algo en lo que debemos trabajar, alguna faceta que desarrollar o un aspecto de nuestra vida que optimizar. Incluso el descanso parece haber perdido su espontaneidad para convertirse en una actividad más que debemos realizar de manera eficiente.


Además, el discurso de la «gestión emocional» puede convertirse en una trampa cuando nos lleva a tratar lo que sentimos como algo que debemos controlar para recuperar cuanto antes el bienestar. ¿Y si en lugar de intentar dominar nuestras emociones necesitáramos escucharlas y atender a lo que expresan, incluso cuando nos confrontan con aspectos de nosotras mismas que preferiríamos evitar? Quizá no todo malestar sea un síntoma que debamos corregir ni tengamos que encontrar siempre una manera de sentirnos mejor.



¿Y si no necesitáramos mejorar tanto?


¿Y si el afán de mejorar acaba convirtiéndose en otra forma de exigirte demasiado?


Podemos acabar observándonos constantemente, buscando qué patrón cambiar, qué pensamiento corregir o qué herida elaborar. Si aparece la tristeza, buscamos la manera de hacerla desaparecer; si sentimos miedo, intentamos neutralizarlo; si repetimos una conducta, nos reprochamos no haber evolucionado lo suficiente. Así, el conocimiento, que podría ayudarnos a comprendernos, corre el riesgo de convertirse en un nuevo tribunal interno.


El malestar psíquico no siempre es una disfunción. A veces, la tristeza necesita el tiempo de un duelo; la incertidumbre forma parte de una decisión importante, y nuestras contradicciones pueden revelarnos necesidades que entran en conflicto. No todo requiere una respuesta inmediata ni todo dolor tiene que convertirse en una «oportunidad de aprendizaje».


Vale la pena preguntarnos desde dónde nos relacionamos con el cambio: ¿buscamos transformar aspectos de nuestra vida porque tienen un sentido profundo para nosotras o porque sentimos que, tal como somos, nunca resultamos suficientes? ¿Hasta qué punto condicionamos nuestra manera de ser y nuestras decisiones a la mirada ajena, para buscar aprobación mientras tememos el juicio o el rechazo?


A veces, podemos acabar siendo esclavas de las expectativas de las demás personas, esforzándonos por encajar en lo que se espera hasta perder de vista lo que realmente anhelamos.


¿Nos cuidamos con respeto a nuestras necesidades o vivimos pendientes de responder a las exigencias propias y ajenas, incluso cuando eso nos aleja de nosotras mismas?


Crecer no significa estar siempre avanzando, comprenderlo todo ni alcanzar un estado de equilibrio permanente. Cuidarnos implica también reconocer nuestros límites, aceptar nuestra fragilidad y renunciar a la urgencia de encontrar respuestas.


Quizá una vida más consciente no consista en trabajar incansablemente sobre nosotras mismas como si fuéramos un proyecto defectuoso, sino en aprender a habitar nuestra experiencia tal como se presenta, incluso cuando resulta incómoda o incierta.


Tal vez no necesitemos convertirnos en alguien «mejor» a cada instante. Tal vez necesitemos dejar de vivir como si todavía no fuéramos suficientes.

En estos tiempos de modernidad líquida muchas personas se han convertido en expertas en manipular las apariencias y han aprendido a mentir fácilmente. Esto no afecta sólo al aspecto físico, sino también a lo que se suele presentar como una necesidad de aprobación externa.


La virtualidad de los vínculos, en especial en lo referente al mal uso de las redes sociales, hace que éstos estén cada vez más tintados de un exagerado énfasis en lo bueno, a fin de recibir más elogios; filtros y filtros para venderse mejor; una marcada confusión en creer que la imagen es lo que más importa, etc. Resultado: dinámicas insanas, relaciones falsas y una creciente inseguridad.


Si quieres liberarte de las apariencias y de necesidad de aprobación externa tienes que comprometerte a hacer un trabajo contigo mismo, que valga la pena. Es una tarea difícil, pero posible. Lo que está claro es que nunca vas a controlar el veredicto que te atribuyen los demás. Y no siempre a los otros les importas tanto como piensas.

Si tratas de sostener una vida significativa con la aprobación externa, el qué dirán, la apariencia física y la acumulación de cosas materiales, lanzarás el ancla para convertirte así en otro esclavo robotizado y convertirás tu vida en carente de sentido, vacía.


Se trata de buscar aquello que te sostiene. Se trata, además, de trabajar para soltar, para liberarte del cautiverio y propiciar una vida más auténtica y conforme con tu ser.


La psicoterapia y la práctica del zen son algunas de las puertas que abren este camino.


Algunas preguntas que sirven para ir pensando estas cuestiones:

¿Cuáles son las fuentes de tu bienestar?

¿Cómo utilizas las opiniones de los otros?

¿Qué te ocurre a nivel emocional?

¿Qué estás llenando con esa aprobación?

¿Qué buscas cuando cuelgas una foto?

¿Cuál es tu motor interno?


Una vida significativa se deriva de responder a estas cuestiones, y las que quieras añadir. Para ello debes abrir otras puertas. Algunas estarán escondidas, otras aparecerán sutilmente. Aún otras puertas te llevarán más allá de lo que inicialmente pensabas o ni tan siquiera te habías imaginado.


Para ello has de trabajar y poner el foco en lo que te acontece, sin excusas ni adornos, como también en:

Que seas capaz de saborear la sencillez.

Que rompas el sistema de creencias limitantes y sufrientes.

Que alabes la simpleza del momento presente.

Que pares y te observes.

Que vacíes de contenido aquello que te enferma.

Que camines a través de la experiencia.

Que sientas que te equivocas y que aprendes de ello.

Que te quieras y te aceptes.

Que trabajes en no controlar lo impredecible.

Que conectes con las fuentes de tu bienestar.

Que intentes tomar tus propias decisiones.

Que necesites menos para poder disfrutar más.

Que trates de buscar tu sustento.

Que pongas el ancla en algo firme, que valga la pena.


Y que des cabida a tu motor interno, lo que te importa en esta vida, y no en las apariencias y en esa dañina aprobación externa.

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