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Cada uno de nosotros ve un aspecto de la realidad y piensa que lo que ve es único. Hemos de aprender a observar, a compartir y a estar de verdad.


Por eso, es importante observarnos y entendernos, aunque la respuesta no sea la que esperamos.


El diálogo comienza con uno mismo: ¿Cómo me hablo? ¿Es un diálogo productivo o improductivo? ¿Es necesario o innecesario? ¿Qué palabras repito? ¿Cómo estoy alimentando mi vida? ¿Cuánto tiempo paso pensando en tonterías?


En la meditación se trabaja todo esto, y mucho más. Es un gesto de humildad hacia nosotros mismos y un primer paso para posicionarnos en el buen lugar. Cuando meditamos, la sentada no se acaba cuando finaliza la meditación. Hemos de implicarnos más. Sentarnos no implica una actitud pasiva, o un placer de evadirnos, sino que se requiere una actitud receptiva y permitir que algo profundo emerja. Cuando meditamos la realidad nos atrapa. Gracias a esto, podemos situarnos y volver a ese punto de humildad. Nos pasan un montón de cosas y aparecen un gran número de pensamientos.


Observar el pensamiento es un trabajo. El ejercicio consiste en situarnos en el buen lugar para evitar que el pensamiento nos atrape. Si somos capaces de observar este pensamiento percibiremos un gran cambio. Cuando observamos el pensamiento, ya no estamos identificados con él, sino que generamos un espacio entre el pensamiento y nosotros. Y en ese espacio hay varias opciones: lo digo o no lo digo, lo expreso o no lo expreso. Existe ese pequeño margen de libertad.


Por eso es muy importante estar atentos a lo que hacemos. Los pensamientos van generando una forma de estar. No hay algo bueno o algo malo. Somos todo a la vez. Nos pasan un montón de cosas y somos precisamente todo ello.




  • Eva Rodríguez Renom

La respuesta no la encontrarás ahí fuera, sino dentro de ti, sea la que sea deja que aparezca y acógela para que sea descubierta.


Sé paciente, compasivo, sé amable con tus penas y heridas, tócalas con amor y compasión.


Deja que se expresen, sin intentar cambiar nada, sin querer controlarlas, vive lo que sientes.


Espera a que el barro se asiente y el agua se aclare.


En ese esperar, en ese no hacer, lo adecuado surge por sí solo.








  • Eva Rodríguez Renom

Muchas experiencias que han tenido lugar durante la infancia y también en la adolescencia siguen influyendo hoy, si no se revisan, se elaboran y atienden.


Algunos ejemplos de casos (los nombres son ficticios) de personas que acuden a consulta:


A los 12 años Marta tuvo que hacerse cargo de sus hermanas menores. Hoy es una joven que no se permite pedir ayuda, y carga con un peso que la daña constantemente.


Marc creció en una familia que le exigía mucho. Aunque sus calificaciones escolares eran más que buenas, nunca lo felicitaron, le decían que no era suficiente. Llega a consulta con baja autoestima, miedo y estrés ante los exámenes finales de la facultad.


María creció en una familia donde la mentira, el ocultamiento y la poca comunicación eran la base de su desarrollo. Hoy es una adulta a quien le cuesta mucho confiar en los demás y decir lo que piensa.


Sara fue una niña muy protegida y con casi nula incentivación para la curiosidad. Hoy es una joven con una constante sensación de inseguridad y no se cree capaz de hacer las cosas por sí misma.


Carlos vive en casa de sus padres, donde no hay cabida para los afectos. Llega a terapia con mucha dificultad para expresar lo que siente, y mantiene relaciones desconfiadas y distantes.


Mireia fue una niña muy simpática, creativa, abierta y con mucho sentido del humor. Su madre se reía de ella, no la aceptaba y constantemente la invalidaba. El motivo de consulta es el miedo a sentirse rechazada, evaluada y juzgada constantemente por los demás.


Aunque no siempre el resultado es igual, pues hablamos de individuos y del caso por caso, lo que sí es cierto es que en la niñez se construyen las bases que edifican la vida adulta.


Por ello es de suma importancia, aunque no haya garantía, la responsabilidad de los padres en el desarrollo de sus hijos. No sólo se trata de lo que hemos vivido, sino de las palabras dichas, de las no dichas, los gestos, las formas... El cometido de la autoridad parental no es sólo brindar afecto, sino también dar importancia a los aspectos emocionales, educativos, motivacionales y personales, para evitar caer en ruedas de repetición dañinas e insanas.