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  • Eva Rodríguez Renom

Muchas veces se confunde placer con felicidad y no es lo mismo. En una de sus charlas el profesor Robert Lustig, endocrinólogo pediátrico, establece las diferencias básicas entre placer y felicidad:


  1. El placer es pasajero. La felicidad es permanente.

  2. El placer es visceral. La felicidad es etérea.

  3. El placer es tomar. La felicidad es dar.

  4. El placer se puede conseguir con sustancias y la felicidad no.

  5. El placer se experimenta solo y la felicidad usualmente se experimenta en grupos sociales.

  6. Los placeres extremos llevan a la adicción, ya sea a través de sustancias como de comportamientos. Y no hay algo como ser adicto a la felicidad

  7. El placer es dopamina y la felicidad es serotonina.


La dopamina y la serotonina son los dos neurotransmisores más importantes del cerebro. Estos dos neurotransmisores son químicos que el cerebro produce y se usan para que las neuronas se comuniquen entre sí.


El funcionamiento es el siguiente: cuando la dopamina estimula las neuronas y estas son estimuladas excesivamente y con mucha frecuencia tienden a morir. La neurona tiene un mecanismo de defensa contra ello que es la reducción de una cantidad de receptores que pueden ser estimulados en un intento de mitigar el daño. A este proceso se le conoce con el nombre de supresión de estímulos. Muchos de los químicos de nuestro cuerpo se encargan de esta función.


Cuando una persona recibe una dosis de placer, los receptores se cierran. La próxima vez necesitará una dosis más fuerte para sentir el mismo estímulo, pero como hay menos receptores disponibles cada vez más se necesitará una dosis más grande. Llegará un momento que aunque la persona reciba una dosis enorme, no sentirá nada. Es lo que se conoce como tolerancia. Y también llegará un momento que a causa de estas dosis tan altas las neuronas comienzan a morir. En este cado es lo que se conoce como adicción.


En cambio la serotonina es inhibidora, no es un estimulante, por lo que no podemos tener una sobredosis de serotonina. La serotonina inhibe al receptor para producir alegría. En otras palabras inhibir significa que adhiere, pero no activa el proceso más allá del receptor. Básicamente lo que hace es desacelerar esas neuronas en lugar de acelerarlas. Y al hacerlo se activa el proceso para la alegría, lo que llamamos felicidad.


Sin embargo, hay una cosa que suprime la serotonina: la dopamina. Así que mientras más placer busques más infeliz serás.


Las corporaciones fomentan y aprovechan la confusión entre placer y felicidad para vendernos el placer que desencadena la dopamina (sexo, azúcar, alcohol, drogas, videojuegos, redes sociales, compras, etc.) con la promesa de esa supuesta «felicidad» falsa. Y lo que sucede es que con altos niveles de dopamina se puede disminuir y regular la serotonina, haciéndonos menos capaces de experimentar la felicidad.


Es la trampa que caemos todos: sustancias que impulsan el placer en lugar de la felicidad. Y en este proceso, tal y como menciona Robert Lustig, si no somos capaces de darnos cuenta de la diferencia entre lo que es el placer y la felicidad, cada vez nos estamos volviendo más infelices.


Fuente: Robert Lustig, El placer no es la felicidad








  • Eva Rodríguez Renom

Una mujer sentía un enorme dolor por la pérdida de un ser querido y se lo contó a Buda. Él le contestó: «Ve por todas las casas y, de las que no sufran dolor, me traes una semilla». Descubrió dolor en cada una de las casas que visitó.


El dolor es algo físico, inevitable y aunque no lo parezca, transitorio. El sufrimiento es una elección, depende de nosotros y está causado por las pautas de comportamiento de nuestra mente insatisfecha e inquieta.


Si cuando experimentamos algo desagradable comprendemos simplemente que las cosas son como son, entonces quizás, no sufriríamos tanto.




  • Eva Rodríguez Renom

«Atención plena no es sólo estar tranquilo y feliz, sino también es estar alerto y despierto. La meditación no es la evasión: es un encuentro sereno con la realidad.


Nuestro verdadero hogar no está en el pasado. Nuestro verdadero hogar no está en el futuro. Nuestro verdadero hogar está aquí y ahora. La vida está únicamente disponible en el aquí y el ahora.  (...) La práctica de la atención plena debiera ser agradable, no un esfuerzo. ¿Acaso tienes que hacer algún esfuerzo para inhalar? Para inhalar, simplemente inhalas. Imagínate que estás contemplando una puesta de sol hermosa con un grupo de personas. ¿Acaso tienes que hacer un esfuerzo para disfrutar de la puesta de sol? Claro que no. Simplemente la disfrutas.  (...) Durante el tiempo en que practiques la atención plena, deja de hablar. No solo deja de hablar externamente, sino también internamente. La conversación interna es el pensamiento, el discurso mental que no se detiene en tu interior. El verdadero silencio es la cesación de esta conversación, tanto la de la boca como la de la mente. No es el tipo de silencio que nos oprime. Es un tipo de silencio muy elegante y muy poderoso. Es el silencio que nos sana y nos nutre».


Thich Nhat Hanh