• Eva Rodríguez Renom

Angustia y soledad

Los profesionales nos encontramos muchas veces con el sufrimiento del paciente. Cada persona que llega a la consulta lleva consigo su propia mochila. El contenido de su equipaje puede ir desde lo más desechable hasta aquello realmente imprescindible. La escucha, estar ahí, acompañarlos, empatizar con los pacientes con el propósito de ayudarles a mejorar sus dolencias, como también a que empiecen a cuestionarse en algunos aspectos, ayuda y facilita que sus relaciones empiecen a ser de calidad y que tanto su angustia como su soledad sean más llevaderas.


Marie de Hennezel, psicóloga y psicoterapeuta, lleva bastantes años dedicándose a la difusión de la cultura paliativa y lo define muy bien:


«Cuando debo enfrentarme a la angustia de los demás he aprendido a acoger y a ofrecer. Para ello me inspiro en una antiquísima práctica tibetana de la compasión, llamada tonglen, que en tibetano significa dar y regalar. Consiste en dar acogida al sufrimiento, a la angustia del otro y a ofrecer a su vez toda la confianza y la serenidad que podemos extraer de nosotros mismos. Se trata, mediante esta sencilla participación en el sufrimiento del otro, de estar con él, de no dejarle solo».