• Eva Rodríguez Renom

Jofie, la perra asistente de Freud

Sigmund Freud era un gran amante de los perros, sobre todo los de raza chow-chow. Aunque su pasión por estos animales le llegó a sus 70 años, el prestigioso psicoanalista no dudaba en hacer partícipe de sus sesiones a una de sus mascotas favoritas, su perra llamada Jofie (o Jofi, según algunas versiones). Durante siete años Jofie fue una verdadera asistente del creador del psicoanálisis en sus sesiones de terapia y se convirtió en una compañera muy especial.


Con estas bellas palabras describía Freud su amor por la perrita: «Las razones por las que se puede amar a un animal como Jofie con una intensidad tan singular son la simpatía ajena a cualquier ambivalencia, el sentido de una vida sencilla libre de conflictos con la civilización difícilmente soportables, la belleza de una existencia realizada en sí misma. Y, a pesar de la diversidad del desarrollo orgánico, el sentimiento de parentesco íntimo, de una afinidad innegable».


Jofie tenía un efecto calmante y tranquilizador, especialmente en los más pequeños, y además le servía a Freud para evaluar a sus pacientes. Observó que cuando éstos estaban tranquilos, la perra se acercaba a ellos para que la acariciaran. Si los pacientes estaban ansiosos, la perra mantenía la distancia y se quedaba al otro lado de la consulta.


Esto no fue todo. Según escribió Martin Freud, uno de los hijos del psicoanalista, Jofie estaba tan acostumbrada a seguir las sesiones que con el tiempo aprendió a calcular la duración: si la perra bostezaba y se ponía de pie después de 45 minutos desde el inicio de la sesión, era la señal de que había llegado el momento de terminar.


La de Jofie es apenas una preciosa muestra del trabajo con animales que llegan a ser partícipes de la terapia, indirecta o directamente (Terapias Asistidas con Animales), convirtiéndose en un apoyo a los tratamientos, facilitando algunos procesos terapéuticos, ayudando a muchas personas a disminuir su ansiedad y a potenciar sus habilidades sociales.